Cap. 2
(Katia)
Otro día, otra perdida de tiempo de mi muerte. Tengo que ir a otro instituto. De esos aburridos con profesores amargados, estudiantes malolientes, y ninguna sola probada. Ir a un instituto es como ir a un funeral, todos sin decir palabra a excepción de una sola persona, y alguien que no le importe lo que están haciendo se duerme en su asiento como si nada mas importara.
Llegando al instituto me fui directo a la primera clase que me correspondía. Me toco la peor de todas, historia. He vivido mucha historia en toda mi vida y ahora tengo que empezar con ella.
Una de las cosas buenas que paso en el salón, es que cada uno se sentara en un pupitre. No me gusta la parte de compartir una mesa con alguien mas, es agobiante. Tener que compartir una mesa con un humano sintiendo como todo en tu interior se quema pidiendo por esa sangre recorrer su cuerpo, como esa necesidad de sed de sangre de no poder vivir sin ella. Para eso somos, para eso estamos. Vampiros somos, tenemos que actuar como tales. La molestia era que no lo podía hacer mas, o sino tendríamos que volvernos a mudar a otra ciudad, país, continente; y no podía seguir así.
La profesora hablaba y hablaba, lo único que podía entenderle era que se trataba de la Revolución Francesa. Eso ya lo había vivido y no fue nada entretenido.
Cada segundo pasaba y sentía que me observaban. No sabia de quien o que, la sentía en mi espalda. Podía sentir cada latido, cada sangre recorriendo su camino por una débil vena. Pero había una en especial que me era diferente. No me hacia sentir ganas de correr y morderlo, y hacer como si no pasara nada. Era la misma sensación de cuando estoy con mi hermana, Rocío. Al final de todo, sonó la campana y no quería quedarme a averiguar de qué se trataba, quería salir de ese salón ya.
Ya iba a doblar la primera esquina cuando volví a sentir esa sensación de diferencia de los demás. No me falto tiempo para llegar a lo que era, otro mas. Y tuve que golpearme contra el.
-¡OH! Perdón, no me fije por donde iba- se disculpo el chico alto, pelo negro, parecidos a las personas que encuentras en las revistas de moda que ve Rocío.
-si, lo siento... Me voy- esquivándolo para seguir mi camino a la siguiente y ultima clase que tomaría por un día.
-¿te he visto antes?- siguió el, tomándome del brazo para que no siguiera.
-no, soy nueva.
-te me haces conocida.
-lamento desilusionarte, pero yo no conozco a nadie aquí.
-bueno, déjame presentarme, tal vez me recuerdes...-y antes que dijera algo mas lo interrumpí.
-no, gracias. Debo irme.
Iba a dar ya el segundo paso cuando tuvo que abrir la boca
-Damon Salvatore- ese nombre, lo había escuchado antes. Me detuve en seco.
-Hummm... no conozco a ningún Damon y tampoco a alguien que se apellide Salvatore. Adiós -me fui. Salí lo más rápido posible de ese lugar. Quería saber de donde me parecía tan familiar ese nombre... y el apellido. Esperaba que estuviera sola la casa, pero no fue así.
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(Rocío)
Casa Eterna, lugar al que partimos apenas nacemos, porque nacer, es empezar a morir, es comenzar a irnos cada día sin saberlo, a irnos cargando en nuestro bolso, nuestras obras, y nuestra magia, para dejar en la partida definitiva, el dolor del ya no estar, del ser solo un recuerdo que a veces carcome, un silencio que despliega ausencias, imágenes, sensaciones, olores y abandono...
Deje de escribir y aparque con mi Audi R8 en el estacionamiento del instituto, el auto a pesar de todo no llamaba demasiado la atención. Aunque creo que quien bajo del auto causo mas atención, y eso me molesto. No me gusta ser el centro, lo odio.
Llevaba puestos unos jeans y una chaqueta de cuero negra y una remera roja con unas botas lady stocks de color negro de cuero aunque obviamente mi bolso de lado. No era para llamar la atención, solo que amo vestir bien. Una buena impresión da mejor gusto.
La hora de lengua una de mis materias favoritas, procure no llamar la atención pero la obtuve y de la forma mas horrenda y odiosa para un mortal, exactamente derramando todos mis libros en el pasillo. Aun más enojada que de costumbre comencé a juntarlos todos mientras un grupo de chicas se reía de mí. Quería arrancarles la carne y beberme su sangre y dejarlas vacías. Pero tenia que contenerme.
- Te diste un gran porrazo - me dijo entregándome varios de los libros.
- Gracias -le dije y levante la mirada. Ojos color miel, llenos de algún resentimiento, o eso sospeche, ya que eso decía su mirada. Miedo, Temor, la misma palabra con el mismo significado.
- Soy Stefan -me dijo mirándome extrañado -te pareces tanto a alguien que creo que conocí -me siguió investigando con la mirada.
Yo también lo sospechaba, era extraño... pero así era. Hice caso omiso de sus palabras y seguí caminando, como si él fuera la plaga misma, o hasta algo peor. Pero después de muerta, no hay nada peor.
- Esta bien no me digas tu nombre -grito- ya vendrás a decírmelo -murmure blasfemias en voz baja y me marche al salón. Lo más conveniente era NO socializar con nadie de acá. Era y seria solo lo mejor... para todos.
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bueno, hasta aqui hehe
esperamos les haya gustado este capitulo y les agradecemos por todos sus comentarios. ojala sea asi tambien en este como en los siguientes. es bueno ver a personas que nos apoyen en esta novela que acaba de comenzar y ver que les gusto y ojala dure hasta el final.
lo ultimo que queda por decir es que lo disfruten, comenten, voten y den su opinion = )
Ro&Katu

